
Generalmente las presidenciales terminan siendo un gran tablero de ajedrez, donde el juego se inclina a ganar por uno de los dos únicos reyes, dado que el resto de los candidatos no son relevantes en términos de votos. Pero en el escenario político actual, se ha roto este perpetuo equilibrio y hoy entra un nuevo jugador, del cual no se conoce muy bien su estrategia ni con qué piezas cuenta, pero sin duda ha logrado tensionar el tablero. Es justamente Marco Enriquez-Ominami la nueva pieza del juego, y aunque no está muy claro qué estilo y qué jugadas posee, es un fenómeno político que promete hacer ruido en el panorama chileno.
¿Existe algún problema con la candidatura de MEO? ¿Es MEO síntoma de una grave crisis en la política chilena o podría eventualmente ser la solución? ¿Qué expectativas está levantando en la nación y cómo piensa cumplirlas o eventualmente frustrarlas? ¿Está claro el porqué de su candidatura? Son algunas de las interrogantes que rodean la actual candidatura de MEO en las presidenciales, que cada vez genera más adeptos y tensiona más a los otros candidatos respecto del cómo se quiere hacer política y con quiénes se quiere gobernar.
¿Liderazgo o Gobernabilidad?
Cuando hablamos de “liderazgo”, hay que olvidarse de todo glamour que esta palabra contenga, y por el contrario, debemos entenderlo no como una condición atribuible a una persona, sino que como un engorroso ejercicio de liderazgo que busca provocar un cuestionamiento en las personas respecto de algunos problemas que se evaden tanto en la sociedad como en ciertos grupos determinados, generalmente por temor a tener que perder algo, primordialmente la comodidad en la que se encuentran, de modo tal que se genere en ellos un cambio a nivel de mentalidad que se traduzca en acciones y conductas concretas que se alineen con la búsqueda, implícita o explícitamente, de un progreso común.
No es lindo, ni fácil, y no dicta mucha relación con el carisma y popularidad de la persona, sino que a diferencia de lo que muchos piensan, tiene correspondencia con el saber identificar y tomar conciencia del rol que cada uno de nosotros cumple día a día en el trabajo, en nuestras casa, y en el caso particular de MEO; en la política chilena.
Por tanto, si el propósito de MEO ha sido ejercer liderazgo y por consiguiente tensionar el panorama político con el fin de enfrentar a los candidatos al problema de la depreciación de los agentes políticos, y de la oferta política propiamente tal, lo ha logrado hacer con efectividad. Él es actualmente la insignia de muchos grupos de nuestra sociedad, en particular los jóvenes, que están convencidos de que el trastorno post traumático del 11 de septiembre de 1973 que sufre la actual clase política chilena ha infectado y desvirtuado el foco de las propuestas y visión país que ellos quieren construir. Sin duda alguna, hoy el voto rebelde tiene nombre y apellido, se expande a través del Twitter, mediante el Facebook, y cada vez hace más usos de herramientas sociales, acercándose más a los chilenos, y en gran medida esa ha sido una de las contribuciones atribuibles a MEO en estas presidenciales.
Sin embargo, si su propósito es ser el próximo Presidente de Chile, se enfrenta a un gran dilema. Para empezar, la mayoría de las declaraciones de MEO han tenido el foco en integrar a las facciones más evitadas por los otros candidatos, una especie de campaña de “minoría a minoría”, con lo que si bien ha logrado integrar a los sectores más desencantados de la política chilena, también ha levantado altas expectativas respecto del proyecto país que quiere construir. Del mismo modo, en los distintos mensajes que ha trasmitido a la nación, ha tocado temas valóricos muy potentes y críticos, como por ejemplo el aborto y matrimonio gay, con lo que si bien ha generado una fuerte adhesión por parte de algunos grupos más marginados -y otros no tanto-, también ha aumentado el riesgo de desequilibrar el balance de expectativas de los diversos sectores que representa. En efecto, el no circunscribir su propuesta política a una escala de valores clara junto a una representatividad muy heterogénea, permite que surjan muchas contradicciones a nivel de principios y por tanto generan cierta desorientación, como por ejemplo muchos jóvenes se sienten identificados con rejuvenecer los rostros de la política chilena pero están en total desacuerdo con el matrimonio gay y/o el aborto.
Asimismo, Marco en sus declaraciones suele afirmar que no tiene una respuesta definitiva frente a las contradicciones contra las que la prensa y políticos lo confrontan, lo que por un lado genera una gran identificación entre las personas, dado que nuestra generación está caracterizada en gran medida por no tener nada muy claro, pero por el otro lado esa “estrategia” sirve hasta cierto punto, dado que si realmente su propósito es ser el próximo Presidente de Chile, debería comenzar a transmitir una percepción de gobernabilidad que requiere, en principio, un apoyo importante de los distintos partidos políticos como también la conformación de equipos de trabajo con criterio político, con el fin de transmitir una sensación más concluyente de protección, orden y dirección a la nación. En otras palabras, ¿Alguien votaría por un Presidente que ante una crisis económica grave responda “Estoy lleno de contradicciones”? La respuesta es clara y tajante; NO, porque necesitan tener una percepción clara y fuerte de gobernabilidad que establezca ciertas fronteras de contención, cosa que MEO no ha logrado transmitir, ni tampoco desarrollar, pero que quizás aún está a tiempo de hacer, aunque claro está que es difícil pensar políticamente cuando se tiene el importantísimo rol de tensionar el sistema.
¿Cuándo MEO cambiará su estrategia de no dar respuestas, tensionar el panorama presidencial y ser transversal en su propuesta política y comenzará a construir una percepción de gobernabilidad que proyecte una capacidad de contención del pueblo chileno ante una eventual crisis? No lo podemos asegurar, pero lo que sí tenemos muy claro es que el hacerlo significa necesariamente frustrar un montón de expectativas de representatividad asociadas a su posible mandato, un paso difícil de dar, dado que aquí las pérdidas se traducen en votos menos, y mientras más aumenta su popularidad más “costoso” será ajustar expectativas.
¿Quién es quién para MEO?
Para Marco Enriquez-Ominami el escenario político actual se ha tornado un tanto surrealista, considerando que muchas de las facciones y actores relevantes no están del todo definidas, y por lo mismo es fundamental tener bien claro desde la perspectiva estratégica saber quiénes son aliados y con quiénes uno compite. Un diagnóstico apresurado podría indicar que Sebastián Piñera es el opositor principal de MEO, pero si comenzamos a hilar un poco más fino daremos cuenta de que el rival más grande con el que compite Meo, codo a codo, no es tanto Piñera sino como Eduardo Frei, la pregunta es porqué.
Los votos conservadores de Piñera no son una variable relevante para Marco, pero quizás sí los votos de Frei, de aquellos fieles a una concertación desfragmentada. El problema radica en que no es tan fácil lograr quebrar las lealtades en la Concertación y entre los adeptos a esta, por lo que se genera un gran conflicto de valores que no permite una “fuga” de votos hacia MEO, y he ahí uno de los desafíos principales de Marco.
Por otro lado, cuando empezamos a explorar los posibles aliados que el presidenciable tiene, surgen dos nombres de inmediato; su esposa Karen Doggenweiler y su padre Carlos Ominami.
Karen existe en Chile, al menos en términos mediáticos, antes que Marco, ya que prácticamente todo Chile se levantaba con ella en el famoso “Matinal de Chile” y además actualmente es la animadora de Pelotón, por lo que no es sólo un rostro público muy poderoso sino también parte del inconsciente colectivo de las familias chilenas, lo que para la campaña de MEO se traduce en un gran traspaso de confianza y credibilidad hacia su persona. Por otro lado, existe también una figura de autoridad muy potente que apoya a MEO; su padre adoptivo, pero es confuso el cómo aporta en términos estratégicos a la imagen de Marco dado que hasta cierto punto representa aquel bloque anticuado y tradicionalista de la Concertación por el cual mucha gente no está dispuesta a votar.
Es difícil ponderar cuánto de lo anteriormente comentado jugará a favor de MEO, dado que existen grandes contradicciones en el escenario actual, y cada “jugada” o movimiento de piezas es esencial en el momento de sumar o restar adhesión a la candidatura. Quizás el mejor aliado de MEO es el descontento generalizado, pero eso tiene dos puntos críticos al momento de definir hacia dónde se inclina la balanza, el primero, es que el desencanto es global, por lo que es difícil acotarlo a una propuesta solvente y única, y lo segundo, es que este desencantamiento es un modo de deserción electoral, por lo que en términos factibles lamentablemente no es estadísticamente relevante pues ella no forma parte del padrón electoral.
¿Mr. President?
Si hoy le preguntásemos a cualquier ciudadano cuál es el propósito que ven en la candidatura de MEO, nadie lo tendría los suficientemente claro como para decidirse fervientemente a votar por él. En efecto, las respuestas a esta pregunta son variadas, y en gran medida, son grandes supuestos que se han levantado en torno a la escasees de respuestas que Marco Enríquez-Ominami ha dado a la nación.
La elección presidencial es sólo un cometido, lo que se propaga y trasciende a la larga será el propósito y visión del candidato. ¿Será el propósito de MEO acabar con la Concertación? ¿o será renovar los rostros y propuestas de la política actual? ¿o simplemente ser un precedente de un cambio inminente que en las presidenciales del 2014 se manifestará en su máxima expresión? Aún nadie lo tiene suficientemente claro – u “oficialmente” claro- por lo que existe mucha resistencia a apoyar algo que no se conoce. En consecuencia, esta incapacidad de generar una fuerte visión compartida por parte de MEO, conlleva una compleja reacción en cadena que tiene mucha relación con las expectativas que levanta en los chilenos.
En términos generales, en cualquier proyecto o empresa, el no comunicar el propósito genera cierta incertidumbre al momento de definir quiénes se suben al barco, y en consecuencia, se hace imposible movilizar a las personas más desencantadas o temerosas del proceso, que en este caso serían los no inscritos y los que no saben en qué “visión” invertir su voto. Del mismo modo, el no definir claramente porqué se quiere gobernar dificulta saber con quién, para quién y dentro de qué marco normativo se pretende hacer, lo que disminuye la percepción de gobernanza dado que no se tienen claro los aliados que se tendrán en el Congreso ni tampoco la factibilidad de aprobar los distintos proyectos de ley que el Presidente proponga.
Es incierto lo que ocurrirá el 10 de Enero en el ballotage, pero claro está que sólo con voluntad y valor no se ganan unas elecciones, sino que también es necesaria una visión que tenga una dirección y un sentido de hacia a dónde se quiere llegar. Está bien estar “Loco por Chile”, demuestra una pasión que a los otros candidatos les falta, pero a su vez no define una estrategia clara, por lo que el desafío para MEO hoy consiste ya no tanto en “tensionar” con sus intervenciones mediáticas y seguir levantando expectativas, sino que más bien en asumir un rol con más influjo y explicar cómo piensa cumplir todo lo prometido, e igualmente lograr conformar un equipo de trabajo que sea capaz de contener y encausar esa “Locura por Chile” para transformarla en un sólido proyecto político que bosqueje algo más que una aventura personal.










Fúmame. Pitada a pitada, lenta y suavemente, justo entre tus manos. Siente el calor en tu garganta corroída por un viejo tabaco, siénteme en tu estómago, bajando por tu cuerpo, visceral, liviano y sutil, placentero e irreal, como un humo que te engaña.
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.



Me gusta estar a un lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa, me gusta abrir los ojos y estar vivo, tener que vérmelas con la resaca, entonces navegar se hace preciso en barcos que se estrellen en la nada, vivir atormentado de sentido creo que ésta, sí, es la parte más pesada.
No es bueno nunca hacerse de enemigos que no estén a la altura del conflicto, que piensan que hacen una guerra y se hacen pis encima como chicos que rondan por siniestros ministerios haciendo la parodia del artista, que todo lo que brilla en este mundo tan sólo les da caspa y les da envidia, yo era un pibe triste y encantado, the beatles, caña legui y maravillas, los libros, las canciones y los pianos, el cine, las traiciones, los enigmas, mi padre, la cerveza, las pastillas, los misterios, el whisky malo, los óleos, el amor, los escenarios, el hambre, el frío, el crimen, el dinero y mis 10 tías, me hicieron este hombre enreverado.
A ti que lees estas líneas, que estás bajando por una de las tantas autopistas de la ciudad en esta mañana de marzo o, tal vez, estás en un vagón del Metro -con la mirada extraviada, como todos los que viajan a esta hora-, o paladeas el primer café y recorres distraído las páginas de este diario, buscando algo que no sabes qué es. A ti, que llevas a tus hijos al colegio y que acabas de no escuchar una pregunta que te hizo tu hija más pequeña, porque estabas pensando en otra cosa. A ti, que acabas de salir de la ducha y te ves un instante en el espejo. A ti, que pasas rápido a mi lado y casi me empujas y no me ves. A ti, que -con apenas 18 años- te levantas con el tedio pegado en el alma y te enchufas al computador para no abrir la ventana de tu pieza que da al jardín. A ti, que miras a tu marido todavía dormir a tu lado, y ves su nuca y su piel gastada, y sientes en el centro de tu pecho un hueco, la sensación de un cansancio del que quisieras huir a miles de kilómetros de ahí. A ti, que estás comprando el pan sin emocionarte con su olor y su temperatura. A ti, que entraste al cajero automático y descubriste que el saldo de tu cuenta era negativo, y sientes miedo, rabia, angustia. A ti, que acabas de dejar a tu niño en la sala cuna y te fuiste sin cantarle esa canción “que a él tanto le gusta”. A ti, que acabas de entrar en la oficina y te dispones a iniciar un día igual a todos los días, trabajando sin amor por lo que haces, como pieza de un engranaje que te devora.
Y resulta que una vez más estoy frente a ella, y me siento desnudo como un monstruo que nunca se olvida de sí mismo. Se supone que debiese existir un umbral entre mi rutina e intimidad, pero lo cierto es que hoy no existe tal cosa y sólo estoy yo entre lo uno y lo otro. Hablo, critico, y ella me contradice de manera perfecta cada una de mis forzadas rabietas de niño, luego la miro por centésimas de segundos y vislumbro en su mirada rabia hacia mi persona efecto de un recuerdo que late como herida abierta en su memoria.



Suena en el iPod la canción You know im no good, de Amy Winehouse, y en mi mente sólo afloran los escasos recuerdos del carrete de anoche. A modo de flash-back aparecen de manera repentina imágenes en mi cabeza, y deduzco -con la limitada capacidad lógica que se puede poseer después de una fiesta con bar abierto- que debería tener caña moral. Pese a todo, más allá de la bohemia inherente a mi persona, más allá de los inservibles y etílicos debates acerca del comunismo y los ovarios, más allá de todas las vueltas, revueltas y coqueteos propios del merengue bien bailado, hay una figura, un perfil con grandes ojos azules y despampanante vestido blanco, una chica que me ha mantenido en una vigilia constante. Sus pupilas son dos esferas, dos puntos cardinales de mi noche, dos constelaciones constantes, dos imanes preciosos. “Tus ojos… son un atentado celeste” te habría susurrado Huidobro ebrio al oído, mientras tanto pienso para mí mismo que tus ojos son como un oceano estático, un sesgo de poesía.
Bailamos y tropezamos con otras personas, gritamos y tarareamos letras de canciones hasta que nos falta el aire en las entrañas, giramos y giramos y nos mareamos, coges tu vaso y lo derramas en mi camisa, en tu escote y en mis zapatos. Somos, al menos por una noche, de piel, y nos comunicarnos mediante roces, porque paradójicamente nos sobran las palabras tanto como nos faltan.
